La bicicleta, un invento que seguirá mejorando en sus practicas y diseño.

Desde niño he tenido una atracción  especial por la bicicletas, sus formas, su capacidad de equilibrio, la incomodidad de su asiento y los dolores que acompañan tan mal diseñada superficie. Sus estructuras, los amortiguadores, las trasmiciones etc. He diseñado bicicletas para un par de empresas y me he quedado con al sensación que todaví­a falta mucho por hacer, en un sistema de movilización de tracción humana tan eficientes para  muchas actividades mas allí¡ del pasear.
Los asií¡ticos han hecho de este medio de movilización  un poderoso medio para actividades varias.
Les adjunto este artí­culo sobre la bicicleta escrito por  ALFREDO CALOSCI que espero lo disfruten
“Me he vuelto a encontrar hace poco con un texto de Bruno Munari, publicado en1967, donde se podí­a leer la siguiente descripción de un producto destinado a la industria de la alimentación:

El objeto estí¡ constituido por una serie de contenedores modulares en forma de gajo dispuestos en cí­rculo alrededor de un eje vertical al que se adhieren por su lado rectilí­neo; los lados curvos quedan así­ hacia el exterior dejando al conjunto la apariencia global de una especie de esfera……cada uno de estos contenedores se compone a su vez de pelí­cula plí¡stica, con resistencia suficiente para contener el zumo sin por ello estorbar la ingestión. Un adhesivo de baja intensidad mantiene unidos los gajos… incluso una vez que estos hayan sido separado del embalaje exterior del producto… que como es costumbre en nuestros dí­as, no tendrí¡ que ser devuelto al fabricante [al ser completamente orgí¡nico]…

…sobre los gajos cabrí­a añadir que cada uno de ellos presenta la forma y la disposición exactas de los dientes en la boca humana, de forma que… basta una ligera presión para romperlo y acceder al zumo,… ademí¡s del zumo los gajos contienen una pequeña semilla: una cortesí­a del productor por si el consumidor quisiera comenzar una producción personal de estos objetos.

Bruno Munari en el Monte Olimpino, Como, 1980.

La conocida creatividad del artista y diseñador milanés se expresaba en este caso en el juego literario de describir una naranja como si se tratara de un producto artificial, obra del ingenio humano… un producto ‘de diseño’. Para los que estén interesados en continuar este juego sólo puedo añadir que el libro, ‘Good Design’, estí¡ disponible en italiano y en inglés, y que allí­ encontraréis una descripción aní¡loga para los guisantes.

Un ‘certain regard’

A veces basta una mirada diferente y atenta a nuestro alrededor para disfrutar con renovado interés de lo que nos rodea. Los objetos que usamos a diario rara vez nos llaman la atención pero es justamente allí­ donde podemos encontrar algunas de las mí¡s auténticas joyas del diseño.

Algunos diseñamos para los demí¡s y todos, en mayor o menor medida, consumimos. La responsabilidad sobre la calidad de los objetos que nos rodean, sobre nuestro ambiente artificial, no se reparte de manera uniforme; solo unos pocos deciden lo que entra en producción y con que caracterí­sticas, pero somos todos, en el momento de consumir, los que mantenemos en el mercado a ciertos productos y marginamos a otros.

Así­ que para contribuir a mejorar la calidad del ambiente artificial que nos rodea tendremos que fijarnos en las caracterí­sticas de los objetos que elegimos cada dí­a, y si para eso es necesario recurrir a una mirada diferente… pues lancémonos a imitar a Bruno Munari e imaginemos esto:

Prótesis de motricidad sobre ruedas para recorridos cortos y medios

El hombre emplea 0,75 calorí­as para transportar cada gramo de su peso a lo largo de un kilómetro a una velocidad de 6 km/hora.

“…por medio de una nueva prótesis de locomoción estarí­amos en grado de desplazarnos a una velocidad 3 ó 4 veces mayor reduciendo el consumo energético a una quinta parte (0,15 cal.) ” lo que nos colocarí­a en cabeza, entre las especies mí¡s eficaces del reino animal, con la sola excepción del salmón. Estamos hablando de una eficiencia energética muy por encima de cualquier vehí­culo a motor actualmente disponible en el mercado, y todo haciendo uso de fuentes de energí­a renovables y con un impacto irrisorio en cuanto a los residuos producidos.

Podrí­amos seguir mí¡s pero lo habréis entendido ya, el nuevo vehí­culo es la bicicleta y la descripción cuantitativa se la debemos, en este caso, a Ivan Illich. El texto, aquí­ impunemente readaptado, apareció por primera vez en un artí­culo, de este filósofo historiador y antropólogo, publicado por el diario francés Le Monde en 1973, en los primeros meses de esa crisis del petróleo.

Ilustración sobre la evolución de la bicicleta.

Un concepto atrevido

Si tuviéramos que analizar este objeto con la mirada inocente de un marciano recién llegado a nuestro planeta, nos sorprenderí­amos por el planteamiento general. La bici es en apariencia un objeto muy atrevido e inestable: resulta mí¡s fí¡cil usarla y no caerse que explicar en palabras lo que estamos haciendo en ese momento y los principios fí­sicos que entran en juego. El caso es que a todos nos basta un mí­nimo de velocidad y un poco de coordinación para recrear la magia del equilibrio. No hay manera de explicar su funcionamiento si no tenemos a manos un prototipo funcional; manuales, diagramas y clases teóricas, en este caso, no ayudarí­an.

La clave estí¡ en que la bici es mí¡s una prótesis que un vehí­culo; es la suma de bici + ciclista la que hace funcionar el invento; nos es el carro de Zeus, es mí¡s bien el mito del centauro.

Conducimos la bici con nuestro peso y muy poco con el manillar y eso nos permite mantener un contacto mí¡s inmediato con el ambiente que nos rodea; el que se desplaza soy yo y sólo yo; igual que el que mira soy yo y no mis gafas o mis lentillas… una de las claves del diseño es que los objetos bien diseñados, al usarlos, no se notan.

Después de los prototipos…

Hicieron falta varias décadas para llevar la idea inicial de un vehí­culo de dos ruedas, una detrí¡s de otra, hasta un objeto comparable con las bicis de nuestros dí­as. Hoy los vemos a menudo como antagonistas pero bicis, coches y motos se han desarrollado en paralelo y han compartido algo mí¡s que algunas soluciones técnicas. John Boyd Dunlop perfiló su idea de un neumí¡tico con cí¡mara de aire para mejorar el rendimiento del triciclo de su hijo pequeño, por aquel entonces, hablamos de 1888, las ruedas iban recubiertas de caucho macizo; en pocos años su invención se hizo célebre en las competiciones de velocí­pedos y de ahí­ el salto a otros medios de transporte. El mérito de haber plasmado las caracterí­sticas principales de la tradicional bici de paseo —tracción por cadena en la rueda trasera, rueda de unas 26 pulgadas— se suele atribuir a John Kemp Starley, que en 1889 puso en producción su ‘safety bycicle’ y pocos años después fundó la marca brití¡nica Rover.

Las pequeñas mejoras y las innovaciones tecnológicas no han cesado hasta nuestros dí­as y hacen de la bici, como lí­nea de productos, uno de los mayores esfuerzos de diseño colectivo, por no decir anónimo, de nuestra era. Cómodas, urbanas, plegables, reclinadas, ligeras, con amortiguadores, de competición, asistida por un motor eléctrico, para niños, plagadas de accesorios o reducidas a su mí­nima expresión, hay una bici para todas las necesidades… y si no la hay todaví­a llegarí¡ en breve.

Safety bicycle, 1887.

No es (sólo) un deporte, es mi medio de transporte

La bici ha sido tal vez el primer medio de transporte mecí¡nico de masas. Su época dorada se inició a principios del siglo XX y llegó a su auge en los años inmediatamente posteriores a la segunda guerra mundial. Obras del neorrealismo italiano como ‘El ladrón de bicicletas’ (Vittorio de Sica, 1948) u otras pelí­culas mí¡s ligeras como ‘Dí­as de fiesta’ (Jaques Tati, 1949) han contribuido a documentar el ambiente de ese periodo en la memoria de los que no vivimos aquellos años.

Para los interesados en profundizar sobre estos aspectos del ciclismo, como mito del pasado y utopí­a para el futuro, recomendarí­a la lectura de ‘Elogio de la Bicicleta‘, del antropólogo francés Marc Augé, conocido por muchos por haber formulado el abusado concepto de “no lugares”, que acaba de publicarse en español en estos dí­as por parte de la editorial Gedisa.

Pero todo eso era antes de que nos motorizaremos… el uso cotidiano de la bici para ciertos desplazamientos se ha mantenido sólo en algunos lugares, en unos oasis privilegiados del ciclismo.

La voluntad mueve montañas

En los demí¡s lugares hemos asistido a un fenómeno curioso, la marginación de la bici como medio de transporte ha empezado a frenarse con la reintroducción de algunas herramientas para el deporte. En los años 70 empieza el auge de una nueva modalidad deportiva: la bicicleta de montaña. Con el mí¡s sincero respeto a los amantes de este deporte, se trata de una actividad pensada para los mí¡s machacas. Hay pocas cosas tan duras como querer subir en bici por cuestas empinadas y pedregosos caminos de cabras. La cosa no acaba allí­, una vez arriba, se requieren buenas habilidades técnicas, amor al riesgo y una buena dotación de amortiguadores para poder disfrutar de las bajadas.

En los modelos de bicis pensados especí­ficamente para este tipo de actividad, como es lógico, desaparecieron todos los accesorios relacionados con el uso urbano, desde el timbre hasta luces y guardabarros; la bici de montaña quedó así­ definida por un cuadro fuerte, ligero y elí¡stico, neumí¡tico con una sección mí¡s generosa, despliegue de amortiguadores y un fuerte desarrollo en el número de velocidades disponibles en el cambio.

Este proceso de reducción a lo esencial ha tenido una consecuencia tal vez inesperada, los modelos de gama baja se ofrecí­an a precios abordables de manera que las bicis de montaña empezaron a circular numerosas por las ciudades. La popularidad de este deporte, y muchos otros factores, hicieron probablemente el resto. La bici vuelve a hacerse un hueco como medio de transporte y no sólo por ser eficaz… es que también es divertido.

Rover satefy bicicle, J. K. Starley , 1885 y Ladies safety bicycle, 1889.

Es mi bici

El coche particular nos aí­sla, para bien o para mal, del exterior; es nuestro salón móvil y decoramos su interior como una estancia mí¡s de nuestras vidas. La bici, al contrario, nos expone tal y como somos y tal vez por eso multiplica las ocasiones para la socialización.

Una socialización que se extiende hasta a las labores de mantenimiento. En Madrid y en otras ciudades, como actividad paralela a la organización de las varias bici crí­ticas, se han habilitado varios talleres para reparar, personalizar y hasta ensamblar bicis. Son lugares de colaboración entre gente con diferentes niveles de preparación mecí¡nica, donde se mezclan los que sólo quieren arreglar un pinchazo con los que estí¡n montando una bici jirafa de doble altura. Se puede entrar con la intención de cambiar el manillar de la bici y salir, al cabo de una hora, habiendo aprendido a tensar los radios de las ruedas y después de ayudar a una madre a tensar los cables de los frenos de la bici de su hijo. Es exactamente lo que me pasó hace unos meses.

Y es que a una bici podemos meterle mano todos… para que siga funcionando, para que quede a nuestro gusto, para no tener necesariamente que comprar otra mejor. A base de pequeños transplantes de piezas, la vida útil de estos vehí­culos no conoce obsolescencia.

El funcionamiento de la mayorí­a de los objetos que nos rodean es opaco, no sabemos cómo funcionan, y ademí¡s su fecha de caducidad estí¡ rigurosamente programada, ¿cuí¡nto ha durado vuestro último teléfono móvil? La bici, en este sentido, es transparente, se adapta a nuestros gustos y necesidades y nos acompañarí¡ hasta que decidamos deliberadamente prescindir de ella.”

Cantidad v/s Calidad.

Espero que los haga meditar. Dedicado a mis alumnos, para sus momentos de reflexión.

Cantidad vs calidad

1. No importa el promedio con el que te gradúes, todos sabemos quiénes son los buenos.

2. No importan las calificaciones de alumnos a profesores, todos sabemos quiénes son los buenos.

3. No importa la fama de las escuelas, todos podemos ver la calidad de sus egresados.

4. No importan las grados académicos ni los años de experiencia, todos sabemos quién sabe, y a quien si le interesa hacer una diferencia.

5. Tampoco importa cómo quieras definir el éxito, cada quien sabe si es feliz.

Y sin embargo, todas estas cosas, aunque no deberí­an importar tanto, si importan.

Cine: “Home”, la pelí­cula de nuestro planeta

Les recomiendo ver esta pelicula sobre la tierra, les va a sorprender. No les comento nada mas, solo veanlo, es EXELENTE. Fue tomado desde el facebook de Ignacio Walker.


Me tomó totalmente por sorpresa. No es la segunda parte de la “La Tierra” ni mucho menos, pero sin duda, ya tienen una buena excusa para pasar el Dí­a Mundial del Medio Ambiente en casa con la familia. Esta es otra pelí­cula totalmente nueva relacionada con el medio ambiente y el equilibrio de nuestro planeta, pensada para ser estrenada el dí­a de hoy en YouTube,  y así­ llegar a la mayor cantidad de gente posible.

Fue realizada por Yann Arthus-Bertrand y producida por Luc Besson, una de las personas mas importantes del cine francés y quizás mas conocido por ser el director de “El Quinto Elemento”.

Estamos viviendo un periodo crucial. Los cientí­ficos nos dicen que solo tenemos 10 años para cambiar nuestros modos de vida, evitar de agotar los recursos naturales e impedir una evolución catastrófica del clima de la Tierra.
Cada uno de nosotros debe participar en el esfuerzo colectivo, y es para sensibilizar al mayor número de personas que realizé la pelí­cula HOME.
Para que esta pelí­cula sea difundida lo más ampliamente posible, tení­a que ser gratuita. Un mecenas, el grupo PPR, permitió que lo sea. Europacorp que lo distribuye, se comprometió en no tener ningún beneficio porque HOME no tiene ningún interés comercial.

Aunque la pueden ver a continuación directamente, les recomiendo, si pueden, que la vean en YouTube en HD (Alta definición) para disfrutar este filme de la mejor manera posible.

Para los mas tech, les cuento que este filme fue filmado enteramente (o casi todo) con la tecnologí­a Cineflex, la misma que nos trajo las espectaculares tomas aereas de la pelí­cula La Tierra.