La necesidad de tecnologí­a de los inmigrantes

El diario La Nación de Argentina ha publicado este artí­culo referido a un interesante fenómeno que se produce en la sociedad y que impulsa importantes cambios en la forma en que la tecnologí­a se incorpora a nuestras vidas: los inmigrantes residentes en España marcan una tendencia de uso de tecnologí­as superior a la de los mismos españoles.¿Las causas? La necesidad de comunicarse con sus seres queridos en el paí­s de origen.

A Esteban Melo -ecuatoriano de 25 años que vive en España- su abuela le pregunta todas las noches desde Quito si ha cenado bien. Y sus amigos, inmigrantes en Nueva York, le enseñan el baile de moda en esa ciudad.

Todo eso la hace a través de su computadora. Esteban es uno de los jóvenes inmigrantes que utiliza las nuevas tecnologí­as más que los propios españoles.

Hace dos años, a través de correos electrónico y mensajes de texto, Esteban ayudó a que miles de sus compatriotas salieran a las calles de Madrid con celular en la mano para protestar contra ETA por el atentado en el aeropuerto de Barajas donde murieron dos ecuatorianos.

“Tenemos la suerte de vivir en una época de comunicación. La tecnologí­a nos permite sentirnos menos separados”, comenta Esteban.

Según la Asociación para la Investigación en Medios de Comunicación y la consultora Nielsen, los inmigrantes en España (4,5 millones, el 10% de la población) hacen el doble de llamadas por celular que los propios españoles.

También enví­an dos veces más mensajes de texto y utilizan más internet.

Su instinto de comunicación está más desarrollado: abren blogs, crean emisoras y canales de televisión, diseñan videojuegos… “A diferencia de otros paí­ses, España recibe la inmigración en pleno boom tecnológico”, señala Adela Ros, directora del programa Inmigración y Sociedad de la Información de la Universitat Oberta de Catalunya.

“Estos jóvenes (30% de la inmigración) son como una puerta para que sus padres entren a las nuevas tecnologí­as. Aun así­, los adultos inmigrantes tienen más interés por internet que los españoles”, añade Adela Ros.

De Córdoba, Argentina, a Badajoz .

La oleada migratoria trajo a Badajoz a la familia argentina Colecchia, incluido hijos y nietos. Los abuelos, emigrantes italianos, se quedaron en Argentina, en un pueblo de Córdoba. La red y una nieta les han vuelto a unir.

Micaela, de 17 años, les enseña las primera palabras: ADSL, Messenger, Skype… “Les tiembla la voz. Me dicen que no van a poder pero ya nos vemos casi todos los dí­as”, comenta la adolescente.

Para la profesora búlgara Donka Konchaleva, de 50 años, la tecnologí­a ha significado el fin de su deambular por las calles de Madrid.

“Me sentí­a como un niño perdido hasta que encontré internet. Es como entrar en otra sociedad. Puedes vivir sin internet, pero es una vida más pobre”, señala la mujer, ahora trabajadora de la limpieza.

Algunas de sus compañeras de trabajo tienen hasta tres celulares: uno para la familia, otro para el trabajo y un tercero para sus contactos en España. Ella se conforma con uno. “Me ponen nerviosa”, sonrí­e.

Escuelas de tecnologí­a .

Las escuelas de tecnologí­a han sido los “locutorios”, pequeños locales de telefoní­a, internet y enví­o de remesas que se han convertido en auténticas embajadas.

Entrar en ellos es transportarse a un mercadillo multicolor de Bogotá o Santo Domingo donde abundan las banderas, productos tí­picos y afiches de regaetton o vallenato.

“Los locutorios en España tienen una fuerza sin igual en Europa. Son instituciones sociales”, afirma Adela Ros.

Según la Consejerí­a de Inmigración, sólo en Madrid hay más de 2.500. Su popularidad también se debe a los altos costos de la banda ancha en España (una de las mayores de Europa según la OCDE) y a la dificultad que todaví­a tienen los inmigrantes para comprar su propio computador.

Los fines de semana los locales se llenan de obreros de la construcción y empleadas domésticas que lucen sus mejores galas para saludar a sus familiares en un pueblo remoto de los Andes.

El boliviano Adilson Vásquez no falla. Ha visto crecer a su hijo en Santa Cruz a través de la red.

“Hace siete años que no lo veo en persona. Cuando aparece en el Skype me dan ganas de darle un beso pero me da vergí¼enza”, comenta mientras pide tres horas de Internet en “locutorio” del centro de Madrid que además es agencia de viajes e inmobiliaria.

Mientras ingresa la clave sus ojos brillan. í‰l y su esposa intentan educar a su hijo a través de internet como muchos inmigrantes.

Según el Instituto Nacional de Estadí­stica, hay más de 700 mil hijos del otro lado del computador. Junto a Adilson, una chica dominicana chatea con un novio virtual.

“Corazón, enví­ame una foto para saber cómo eres”, anota el tipo mientras ella enví­a una foto de una mulata alisada y de ojos verdes.

“Este se cree todo”, sonrí­e la chica real, de ojos negros y pelo crespo.

Adilson y la chica casi se rozan por la estrechez del lugar, pero no les importa. Cada uno está en su mundo. “¡Ahí­ está!”, exclama el hombre mientras señala la imagen desteñida que todos los fines de semana le dice papá.

Diarios y juegos de inmigración .

Después de cruzar la red, el inmigrante cuenta la aventura de estar fuera. El colombiano José Ignacio Penagos tiene cuatro blogs.

“Son como diarios. Cuelgas fotos, textos, videos de lo que vas viviendo. Tenemos mucho que contar”, comenta.

En dos años su instinto le ha permitido además montar una empresa (Infocus), un canal de televisión y una emisora on-line. Según la Universidad Rey Juan Carlos sólo en Madrid han surgido más de setenta medios electrónicos dirigidos a público latino.

El pequeño apartamento que Penagos alquila parece una nave espacial. Allí­, rodeado de monitores, teclados, cables y cámaras, edita las historias que a veces graba con su propio celular.

De repente, suena el teléfono. Sin quitar la mirada de la pantalla contesta. Su rostro cambia. “Qué hubo mamita. Qué milagro. Yo también los extraño”, comenta. Desconectado de la nave que pilotea, agrega: “Es difí­cil estar lejos. Empezar de nuevo, hacer amigos”.

El marroquí­ Tarik Amed ha tenido que superar otros obstáculos. Cruzó el Mediterráneo escondido en un barco. Al principio no tení­a forma de comunicarse con sus familiares. “Esperé un mes para comprarme un celular con mi primer sueldo”, recuerda.

Ahora dirige talleres de tecnologí­a dentro del proyecto Bordergames, un videojuego creado en Madrid por jóvenes españoles e inmigrantes.

El escenario del juego es la ciudad y las fronteras, los prejuicios. “Ellos sugieren las pruebas. En una escena la policí­a detiene al protagonista, un chico marroquí­. Si dice la verdad le detienen, si miente le dejan seguir”, comenta.

El videojuego ya ha cruzado fronteras, tiene una versión en Barcelona con chicas paquistaní­es y en Berlí­n con raperos turcos.

Esas redes que se van tejiendo los inmigrantes y las nuevas tecnologí­as comienzan con una llamada o un correo electrónico. Es el caso de la familia china Xu.

En su tienda del barrio Tetuán en Madrid, los mayores siguen una telenovela de shaolines que han bajado con una miniparabólica.

Los menores, por su parte, cantan con su madre en un perfecto castellano el tema de la serie de dibujos animados Heidi.

“Son panameños. Nacieron allá. Viví­amos en Panamá hasta que recibimos un e-mail de un familiar que nos contaba que las cosas estaba mejor acá”.

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