Como todo fení³meno que nace y aún no se manifiesta en todo su potencial, la web 3.0 está sujeta a análisis, revisiones, reconceptualizaciones. Aún no aprovechamos la totalidad del potencial de la web 2.0, especialmente en Chile, pero la velocidad del cambio no espera a nadie. Tim O’Really, definido como “padrino y protector” del término original web 2.0, entrega su tesis sobre los aspectos que debe cubrir una definicií³n de Web 3.0. La nota, vista en El País de España:
LOS GURíšS DISCREPAN en cuanto a las definiciones de la Web 3.0. Jason Calacanis, bloguero y emprendedor la define como “la creacií³n de contenidos de gran calidad y de servicios producidos por individuos que usan la tecnología de la Web 2.0 como plataforma. Su ejemplo es una versií³n de Digg.com en la cual los expertos averiguan la validez de las informaciones y rectifican los títulos para que sean más precisos”. Nada nuevo.
Nova Spivack, fundador de Radar Network y uno de los coautores de la definicií³n de Web 3.0 en Wikipedia, contrapone otra definicií³n sorprendente: “Es la tercera década de la web (2010-2020)”. Agrega que “aunque Web 3.0 no será siní³nimo de web semántica, sí será ampliamente caracterizado por la semántica en general”.
Padrino, protector y dueño del término Web 2.0, Tim O’Reilly discrepa de ambas formulaciones. La primera, apenas reproduce modelos tradicionales de publicacií³n. Lo importante de la Web 3.0 es que es mucho más que meramente “semántica”. “Es la ruptura del paradigma teclado/pantalla y el mundo en el que la inteligencia colectiva emerge no de la gente escribiendo, sino de la implantacií³n de nuestras actividades mediante instrumentos”. Lo más importante es la nocií³n de discontinuidad.
O’Reilly me dio tres elementos para hablar de Web 3.0. “El primero proviene de un nuevo tipo de inteligencia artificial (IA). Emerge de la capacidad de sacar provecho de la inteligencia colectiva, característica de Web 2.0. Google es inteligente gracias a nuestra participacií³n. El sitio de Digg.com, donde los artículos son promovidos por la votacií³n de la gente, nos pone a trabajar como componentes de un programa”.
O’Reilly nota puntos de inflexií³n que le llaman la atencií³n. Google ganí³ hace poco un concurso de traduccií³n automática del chino y del árabe al inglés sin usar ni traductor ni algoritmo especial. “Sí³lo tienen más datos, y lo que no funciona con millones de datos puede resultar muy bueno con miles de millones de datos”.
Systems Research & Development, una empresa de Las Vegas comprada por IBM, inventí³ un programa que permitía detectar cuando, por ejemplo, un jugador en una mesa del casino había tenido contactos años antes con el empleado encargado de distribuir las cartas. Ahora tiene un contrato con el Departamento de Seguridad. “La dimensií³n política puede espantar, pero la tecnología resulta verdaderamente cool”, dice O’Reilly.
Hicieron una prueba con tres millones de estadounidenses de los que reunieron 670 millones de elementos informativos. “Se dieron cuenta de que, pasada esa cifra, el sistema no podía seguir avanzando. A partir de cierta escala en la cantidad de datos se experimentan cambios de comportamiento del sistema. Si agregamos la inteligencia artificial, podríamos muy bien tener un escenario posible para la Web 3.0″.
Otra dimensií³n proviene de la forma en que introducimos los datos. No será básicamente mediante un teclado. Provendrá de toda una serie de sensores. Como ejemplo, O’Reilly cita el caso de una empresa de seguros de coches de Reino Unido. “Las pí³lizas se suelen calcular en funcií³n del lugar donde vive el cliente. Ahora, gracias a cámaras y sensores, saben que dicha persona conduce rápido en el centro de Londres. No le importa dí³nde está su casa, le va a cobrar más”.
La tercera dimensií³n es la confluencia de los juegos en Red, de los mundos virtuales y de la fabricacií³n personal. “Agregando estos tres elementos dan algo muy diferente a la Web 2.0″, precisa O’Reilly. “Creo que vamos a entrar en el mundo de la fabricacií³n personal en un plazo de 5 a 10 años. También veremos la versií³n 3D de MySpace. No se tratará sí³lo de juegos, sino de espacios. Second Life sigue siendo muy pequeño, pero es un concepto extremadamente poderoso, el de la idea de lugar”.
Todo el mundo sabe que algo está pasando, pero nadie tiene claro de dí³nde vendrá la ruptura. “Será algo más amplio y omnipresente que la Web a medida que la tecnología mí³vil, los sensores, el reconocimiento de voz y otras tecnologías nos den una informática mucho más ambiente que la de hoy”, escribe O’Reilly en su blog.