Evolución de la belleza en el diseño del siglo XX

Con esta sugerente invitacií³n el Museo de las Cosas de Berlí­n repasa la relacií³n entre funcií³n y belleza a través de la revisií³n del diseño industrial del siglo pasado. Una mirada a través de los ojos del Werkbund, el fundamental movimiento interdisciplinario del diseño y la arquitectura alemanas. La nota es de agencias y la vi en Terra:

Berlí­n describe evolucií³n del concepto belleza en diseño con objetos siglo XX

El Museo de las Cosas de Berlí­n repasa la evolucií³n de los conceptos de funcionalidad y belleza en cuanto al diseño de los objetos cotidianos en una muestra que documenta tanto el espí­ritu de cada época como los cambios sociales ligados a la invencií³n de algunos de esos utensilios.

Desde inmensos sillones tallados en madera, a las primeras vajillas de porcelana, unas rudimentarias tijeras, el tabaco para mujeres, fiambreras de plástico, lámparas de metal o jarrones de Ikea, todo tiene cabida en esta coleccií³n, recopilada durante más de cien años por una asociacií³n de artistas, diseñadores y empresarios industriales alemanes, el Werkbund.

El recorrido histí³rico no sí³lo permite documentar el pasado europeo y la innovacií³n tecnolí³gica a través de baúles, jarrones y cafeteras sino relatar el devenir de una sociedad en continuo movimiento y cambio social a través del diseño industrial alemán.

Las aristocráticas jarras de bronce, los transistores producidos en masa o los modernos ordenadores portátiles fueron elevados al concepto de arte por los intelectuales y empresarios del Werkbund, como paradigmas del diseño, por su funcionalidad y belleza, de acuerdo con los parámetros de una determinada época.

Así­, el visitante puede sorprenderse con las peculiaridades de ciertas piezas de la muestra ‘La lucha de los objetos. 100 años del Werkbund’, como las almohadas bordadas con la imagen de Adolf Hitler o las miniaturas del ‘Fí¼hrer’, enmarcadas en la instalacií³n ‘La belleza entre 1933 y 1945′.

Los juegos de té con el emblema de los Juegos Olí­mpicos de 1936 o los vasos y banderolas con sí­mbolos del régimen nacionalsocialista son algunos de los elementos englobados con el lema ‘Kitsch nazi’.

Y ese particular sentido de la estética cuenta también con una vertiente simbí³lica respecto a las piezas agrupadas en ‘La belleza de la pobreza’ en que metales oxidados y objetos medio rotos dan testimonio de la miseria que prosiguií³ a la derrota alemana en la II Guerra Mundial.

Uno de los eslí³ganes de la muestra y del colectivo artí­stico que la organiza responde a ese espí­ritu de superacií³n, tí­picamente alemán, con el lema ‘sí³lo la naturaleza crea cosas perfectas. El resto debe mejorarse constantemente’.

Y, en reconocimiento a ese afán por evolucionar, el museo rinde su particular homenaje al fabricante de electrodomésticos Braun, cuyos transistores, televisores, exprimidores e incluso maquinillas de depilar formaron parte de muchos hogares europeos.

El Museo de las Cosas, inaugurado este verano con motivo del centenario de la asociacií³n, muestra a su vez las diferencias que separaron, incluso en el diseño de objetos cotidianos, a las dos Alemanias antes de la reunificacií³n de 1990.

Los nostálgicos de la extinta República Democrática Alemana (RDA) podrán redescubrir productos propios de esta época, desde dentí­frico, crema para las manos y el tradicional muñeco navideño Sandmann o los tí­picos sombreros de espí­as, los emblemas polí­ticos o los retratos del ex jefe de Estado Erich Honecker.

Uno de los apartados que mejor documenta los cambios sociales a través de los objetos es el dedicado a los souvenirs. Conforme mejoraban los medios de transporte, aumentaba el poder adquisitivo y se popularizaba el arte de viajar, proliferaron los ya corrientes objetos de recuerdo, que no lo eran tanto hace 60 años.

Un grabado de un koala o de una pagoda china, un busto de Juan Pablo II, una reproduccií³n en miniatura de una esfinge egipcia, una torre Eiffel o un cenicero con la imagen de la sirenita de Copenhague son algunos de los elementos más ‘kitsch’ que recupera la muestra del Museo de las Cosas.

El cuerpo humano también es objeto de interés, desde el punto de vista del diseño, para los intelectuales del Werkbund que aglutinan en su coleccií³n desde modelos anatí³micos de pies y manos, a los bustos de las primeras maniquí­es para sombreros o pelucas, las estilizadas Barbies y el simpático y rechoncho muñeco de Michelí­n.

Los comentarios están cerrados.