“No hay nada que sugiera que es una compleja enfermedad psicolí³gica comparable al alcoholismo u otros desí³rdenes por el consumo de sustancias, y no podemos ponerle el nombre de adiccií³n“. Con esta frase, el doctor Stuart Gitlow, miembro de la Sociedad Médica Estadounidense de Adicciones, abrií³ la contraofensiva contra las instituciones que buscan declarar la “adiccií³n a los videojuegos” como un problema písquico relevante.
La polémica se inicií³ en el debate de la Asociacií³n Médica de Estados Unidos, en donde un grupo de psiquiatras había propuesto colocar al uso indiscriminado de videojuegos en el Manual Diagní³stico y Estadístico de Desí³rdenes Mentales, la guía utilizada por la Asociacií³n Psiquiátrica para diagnosticar dolencias mentales.
Como en todos los casos de tecnologías que se han incorporado al quehacer social en los últimos 20 años, y que tocan en especial a los niños, existen dos caras del fení³meno y se relacionan con el enfoque y la adaptacií³n. Es evidente que el uso indiscriminado y sin control que lleva apostergar actividades relevantes es un peligro, pero también la interfaz interactiva del videojuego posee grandes e interesantes posibilidades en educacií³n y tratamiento de algunos desí³rdenes como el autismo.
Si al parecer existe una estadística que habla del 10% de los jugadores que estaría en condiciones de adiccií³n, ¿estamos a las puertas de un problema que alcance niveles médicos?
Visto originalmente en Emol.com
La pregunta que podrÃa hacerse es si el videojuego contiene elementos adictivos per se, o si los llamados “adictos al videojuego” son personas con personalidad con tendencia a desarrollar dichas adicciones. Si es el 10% de los jugadores los que están en condiciones, podemos suponer que son sus personalidades las que las desarrollan, y no el videojuego en sÃ.
Bien podrÃan ser adictos a la televisión, adictos al teléfono, adictos a comprar, adictos a estar junto a la estufa… lo que se les ocurra y les guste. ¿no?