El Senador Fernando Flores, publicí³ en su blog el 16 de diciembre este post sobre su intervencií³n en la comisií³n que estudia el desarrollo del proyecto de ley de Fomento a la Innovacií³n para la Competitividad.
Considero de gran interés para el mundo del diseño, esta iniciativa que realizan algunos políticos y profesionales del país por aprobar esta ley que nos permitirá contar con recursos para la innovacií³n tecnolí³gica donde el diseño tiene un gran espacio de crecimiento y aporte. Diseño e innovacií³n son ámbitos que van de la mano.
Les recomiendo leerlo y comentar sobre el tema en este blog y con sus grupos de trabajo y amigos.
Señor Presidente, me ha ido preocupando el estado de ánimo imperante en la Sala a medida que avanza la discusií³n. Ayer había una ausencia general de Senadores al parecer, existían muchas otras tareas y, pese a la importancia del tema, pocos le dan pelota.
También tenemos el problema planteado por los Senadores señora Matthei y señor Núñez, relativo a las Regiones.
Creo que aquí hay tres problemas: el de la estrategia de desarrollo competitivo del país; el de la apropiacií³n de los dineros por los científicos nacionales que son los que se están movilizando para obtener este dinero, que no responde necesariamente a una estrategia de desarrollo, y el regional.
En fin, existe una ensalada grande que va a impedir que el proyecto se apruebe. Y quiero dedicar mi intervencií³n a agregar más ingredientes a la ensalada, para que esté completa, los cuales tienen que ver con la cosa competitiva.
Estamos hablando de este asunto como si Chile fuera una aldea y hubiera que guardar la platita. Porque las únicas consideraciones que tenemos son las experiencias narradas por el señor Ministro de Hacienda.
Debo hacer presente que entre tecnología y ciencia existe una diferencia esencial, que nuestros científicos no cachan o no les gusta cachar. He hablado suficiente con ellos para saber que es así.
Esa diferencia dice relacií³n, primero, a que la tecnología debe vender productos y financiarse; y segundo, a que para que eso ocurra tiene que entrar a tiempo. Su timing es fundamental, y es muy distinto según el tipo de industria de que se trate.
Por ejemplo, ¿cí³mo se explica el acierto notable de un país chico, como Finlandia, con Nokia? Las ventas de dicha empresa alcanzan a alrededor de 40 mil millones de dí³lares al año. Vende 7 millones de celulares al mes en el mercado interno -en una nacií³n con menos de 4 millones de habitantes-, más otros 6 millones que le compran los chinos. í‰sas son las proporciones.
Ahí es fundamental el talento de alguien. ¿Por qué no lo hizo la Ericsson? Motorola no podía competir con Nokia.
Entonces, la cosa es tener el "timing", la suerte y saber que hay riesgo.
Por lo tanto, respecto de la tecnología, uno debe entender quiénes son los que administran el riesgo. Por lo menos, yo sé que en la informática y en la biotecnología están los capitalistas de riesgo a nivel mundial. ¡A ellos no les importa fracasar. Saben que le van a achuntar!
Voy a contar una historia -no ocuparé más de dos minutos- que me parece interesante dar a conocer: la de Google.
Google es una empresa que siete años atrás no existía. La fortuna de cada uno de sus dos dueños a los 32 años de edad alcanza a 12 mil millones de dí³lares.
Uno es hijo de una maestra rusa que emigrí³ a Estados Unidos, y el otro, americano. Hace cinco años trataron de vender la compañía en un millí³n de dí³lares. Nadie se las quiso comprar. ¡Y bendita sea! Por eso en la actualidad tienen lo que tienen. Su valor aproximado es hoy día de 120 mil millones de dí³lares. Vale más que el producto nacional bruto de Chile. Ochenta por ciento de los productos que ofrece son gratis. í‰ste es el tipo de economía que tenemos que explicarnos. Por un lado usarlo y por otro, defendernos.
Además, ¿qué lograron? ¡Cambiar el mundo!
Hoy día, a mi juicio, el mayor enemigo de los perií³dicos chilenos es Google no La Tercera ni El Mercurio, porque les va a quitar los avisos econí³micos.
Esos avisos se pagarán en dí³lares y los pequeños empresarios chilenos serán lo más beneficiados con ese buscador. Tendrán la posibilidad de vender sus productos de Iquique o de Molina, por ejemplo a India, porque un avisito permite que alguien de ese país los compre. Y ese avisito sí³lo se paga si el productor tiene éxito. Porque no paga por el aviso, sino por el número de pedidos.
¡Eso es lo que se está vendiendo! Así está operando el sector.
En el área de la minería la situacií³n es totalmente diferente. Los americanos se encuentran fuera. Son australianos, canadienses y sudafricanos los que participan en esa actividad. Y todos están en nuestro país. Entonces, debemos hacer alianzas con ellos, porque juegan con otro ritmo. En ese ámbito, tenemos assets notables que no estamos usando.
Una persona increíble como Diego Hernández, maneja desde Chile el negocio mundial relativo al cobre del grupo BHP Billiton: las minas en Perú, Australia y todas las que le pertenecen. Y si queremos meternos en serio en la biotecnología minera, precisamos asociarnos con ese tipo de grupos. Felizmente, parece que esa compañía va a invertir dinero en la Fundacií³n Chile. Y Diego Hernández entrará ahí. Habrá que seducirlo para que se meta en la cuestií³n biotecnolí³gica minera. Eso, sí, puede ser un gran negocio.
Ayer escuché decir al Honorable señor Núñez que debemos hacer algo serio en minería. ¡Estoy de acuerdo…! Pongamos la mejor Escuela de Minas en el norte, donde sea, pero hagámoslo con esos gallos. Solos, no.
í‰se es un problema distinto. Hay otra ley para fomentar los recursos de auxilio a Regiones. í‰sa es otra cosa, completamente diferente. No metamos estos pasteles juntos. ¡Y los estamos juntando!
Podría mencionar otros ejemplos. Tomemos el caso de la biotecnología, que nos interesa mucho. Hay que sostener discusiones políticas sobre esa materia, porque es muy política.
La biotecnología tiene, por lo menos, tres aspectos. El primero de ellos se vincula a la medicina. En Chile hay gente que está realizando descubrimientos importantes que pueden tener efectos sobre el cáncer. ¿Vamos a hacer algo al respecto o no? ¿Cí³mo? Hoy día ningún empresario nacional se encuentra capacitado para invertir en este campo, pues carecen de conocimientos y no pueden tomar ese riesgo. Entonces, ¿cí³mo lo haremos?
Totalmente diferente es el caso de la biotecnología con relacií³n al mundo vegetal (forestal, agrícola), donde existen problemas políticos muy grandes. Una parte significativa de nuestro Parlamento se opone a intervenir en ese ámbito, si bien otros apoyarían una decisií³n en tal sentido. El debate es mundial.
Debemos elaborar una política sobre el punto. ¿Vamos a ser un país involucrado en la biotecnología y en la produccií³n de transgénicos o nos vamos a excluir de esos procesos? í‰sa es una discusií³n política. Si no la hacemos, nadie, ni de aquí ni de fuera, va a invertir en eso.
Después tenemos la biotecnología de los materiales, que nos afecta porque el cobre es un material. Al final, los productos mineros se transforman en materiales, no en minas. í‰stas constituyen el mecanismo. Ahora, si vamos a actuar en este campo, debemos hacerlo con grandes capitales. Y lo que el Gobierno ha hecho con Biosigma me parece un paso sumamente importante. Pero no conversamos de esto.
A continuacií³n, quiero poner el tema de la señora Juanita. Este asunto no aparece en las elecciones presidenciales, ni en las de Diputados o Senadores. Hablar de los problemas de invencií³n de empleo y de innovacií³n no atrae votos, y, por lo tanto, no aparecen en nuestras conversaciones ni en la prensa. La pregunta es ¿cí³mo vamos a producir la emocií³n espiritual necesaria para que el país tome en serio ese desafío?
En lo que todos estamos de acuerdo con el señor Ministro es en que tal desafío es fundamental. Si hay dos cosas en las que Chile está jodido es en educacií³n y en el asunto que nos ocupa. En eso consiste la maldicií³n a que aludía el señor Ministro. Pero si el país no tiene vocacií³n política al respecto, no lo vamos a poder concretar, y estaremos dándonos vuelta y hablando generalidades, generalidades y generalidades y no seremos capaces de sentir las pasiones indispensables para ello.
Porque sí³lo con pasiones van a aparecer empresarios emprendedores en este ámbito. Sí³lo con pasiones va a haber financistas de riesgo. Sí³lo con pasiones llegarán inversionistas extranjeros. Sí³lo con pasiones vamos a producir los nuevos Pablo Valenzuela.
Pablo Valenzuela tiene 65 años. Y si no hubiera tenido la suerte de estar en la Universidad de California en el momento en que se creí³ la biotecnología, no habría alcanzado el éxito. Nosotros también tuvimos suerte. Porque si Pablo Valenzuela no existiera, no se habría descubierto con una inversií³n de un millí³n y medio de dí³lares la vacuna para los salmones. Porque hay que tener ese talento, con ese background, para poder hacer esas cosas.
La pregunta es cí³mo vamos a producir las demás.
¿Saben los señores Senadores qué pasa hoy día? Hay biotecní³logos chilenos, con nivel de máster, desempleados. ¿Cí³mo vamos a invertir más si no contamos con estrategia?
Por eso, la parte más sustantiva del proyecto tendría que felicitar a sus autores por ello, si bien creo necesario abrirla mucho más es aquella que plantea una estrategia de innovacií³n productiva, que, en el fondo, constituye una estrategia de desarrollo.
Ayer el Senador señor Larraín decía que le preocupaba que esta cuestií³n quedara, al final, en manos de un sistema presidencialista, donde hay una autoridad máxima única. Pienso que el problema no es que ella quede radicada en una sola persona. Lo relevante es que permee toda la sociedad.
En mis viajes con el Senador señor Foxley y en otro con el Honorable señor Boeninger, aprendí un par de cosas que quisiera compartir.
Me interesí³ cí³mo procede Finlandia. Allí se inventí³ un curso, denominado "Finlandia 2010" (el que se cree en Chile debería ser "2015"). A él se invita todos los años a 40 personas, de diversos sectores parlamentarios, empresarios, etcétera, para recorrer y observar el mundo. Dura más o menos un mes. Y al regreso se elabora una memoria. De esa manera se va acumulando una experiencia, que consiste en entender que los países chicos deben saber qué pasa en el mundo y dí³nde se tienen que poner. Porque la transformacií³n es demasiado grande.
La Universidad de California, en San Francisco, se encuentra construyendo 25 edificios, con un costo de 500 millones de dí³lares cada uno, para biotecnología, con su laboratorio. Me parece que en Sydney, Australia, hay uno de las mismas características.
Nosotros no tenemos ninguno. Y como no lo vamos a tener nunca, requerimos la habilidad de Singapur y de Finlandia para saber en qué tiempo y dí³nde diablos crearlo. Pero para eso debemos tener pasiones. Y en esta discusií³n veo que las pasiones ya están jodidas.
Entonces, sería un primer gran triunfo si lográramos entender cí³mo Chile va a lograr una estrategia de desarrollo que no surja de un plan ni de un edicto presidencial, sino de una conversacií³n en la cual alineemos las voluntades habrá diferencias y se creen espacios para invertir. Pero también para que los jí³venes puedan decir: "Aquí está mi futuro; no sí³lo en las leyes, en el cine o en los MBA", como ocurre hoy día.
Sin esas tres pasiones no vamos a conseguir ninguna cosa grande.
Por lo tanto, mi proposicií³n en parte coincide con la del Senador señor VieraGallo es que analicemos el problema en varios niveles.
Confiemos en que la Comisií³n creada por el Presidente Lagos funcione más allá del tiempo programado y asigne recursos durante el primer año. Hagamos una discusií³n seria para saber en qué consiste una estrategia de innovacií³n y desarrollo. Creemos las instituciones para que eso ocurra, que deben ser tan serias como otras que hemos inventado, por ejemplo, el Banco Central. Es decir, debe haber prospectiva abierta, una manera de realizar esa conversacií³n. Eso por un lado.
En segundo lugar, definamos el problema de las regiones y saquemos ese asunto del proyecto. Son dos cuestiones distintas. Si hay que asignar una parte de los recursos a las regiones, hagámoslo. Esa decisií³n podríamos tomarla pronto.
En tercer lugar, creo que debemos clarificar la discusií³n de fondo. Porque no se necesitan 120 millones de dí³lares, sino mil millones; o simplemente 20. Hay que recordar que los chinos y los indios, con menos del 0.6 por ciento del PIB, se están transformando en líderes.
Discrepo del Honorable señor Vega en que esto sí³lo se hace en Europa y Estados Unidos. La ciencia y la tecnología del siglo XXI serán asiáticas, porque Asia ya tiene todas las capacidades y el volumen de mercado. El 80 por ciento de los profesores del MIT y de la Universidad de Berkeley -las grandes escuelas de ingeniería del mundo- son de origen chino.
Estoy seguro de que será así. Lo están haciendo con mercado y con talento. China no es un país capitalista: tiene estrategia de desarrollo. ¡Nosotros necesitamos estrategia de desarrollo!
Entonces, discutamos este problema. Sé que a algunos colegas no les gusta. ¿Cí³mo se hace estrategia de desarrollo en el siglo XXI? Es una buena pregunta. Tengo algunas ideas, pero es un tema discutible.
Por ello, sugiero que separemos las materias, porque a cada asunto debemos meterle el humor adecuado. Y en la medida en que estemos con el humor incorrecto, discutiremos las cosas de mala manera.
Deberíamos estar felices de que el país tendrá estrategia de desarrollo tecnolí³gico; pero estamos enredados. Deberíamos estar felices de que las regiones mineras recibirán algo; pero ahora surge otra cosa.
Además, comprendo que este proceso debe realizarse y en esto coincido con el señor Ministro sin dejarse capturar por los intereses de algunas personas que hoy día apuntan a los fondos de CORFO y de CONICYT, porque lo que ven es más dinero para sus propí³sitos; pero así no habrá estrategia de desarrollo.
En consecuencia, anuncio que votaré a favor del proyecto, y que presentaré las indicaciones correspondientes.
He dicho.